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“L’Osservatore Romano” tiene el valor de ser el rgano oficial de la Santa Sede nicamente en la rbrica “Nuestras informaciones”, que informa los nombramientos, las audiencias y los documentos del Papa. Todos los pases del mundo se adecuaron rpidamente a este criterio. También la Iglesia Catlica se aline con él, particularmente en 1985, con una declaracin de la Pontificia Academia de las Ciencias, y luego también en 1989, con un nuevo acto de la misma Academia, avalado por un discurso de Juan Pablo II. El Papa Karol Wojtyla volvi también sobre el tema en sucesivas ocasiones, por ejemplo, con un discurso en un congreso mundial de la Transplantation Society [Sociedad para los Transplantes], el 29 de agosto de 2000. De este modo, la Iglesia Catlica legitim de hecho los extracciones de muestras de rganos, tal como se las practica universalmente hoy en personas que estn en situacin terminal a causa de enfermedades o por accidentes: es el caso del donante definido como muerto luego que se ha comprobado su “coma irreversible”, a pesar que todava respira y su corazn late. Desde entonces, se apag la discusin en la Iglesia sobre este punto. Las nicas voces que se oan estaban en lnea con el “Informe de Harvard”. Entre estas voces estndar se encontraba la del cardenal Dionigi Tettamanzi, en los aos previos al 2000, cuando los temas bioéticos eran su pan cotidiano. Luego de él, las autoridades de la Iglesia ms escuchadas en esta materia fueron la del obispo Elio Sgreccia, hasta hace pocos meses presidente de la Pontificia Academia para la Vida, y la del cardenal Javier Lozano Barragn, presidente del pontificio consejo para la pastoral de la salud. También hoy, otro experto de los ms acreditados en el campo eclesistico, Francesco D’Agostino, profesor de Filosofa del Derecho y presidente emérito del Comité Italiano de Bioética, defiende a espada limpia los criterios del “Informe de Harvard”. Las dudas surgidas a causa del artculo de “L’Osservatore Romano” no perturban a sus certezas: “La expuesta por Lucetta Scaraffia es una tesis que existe en el mbito cientfico, pero es ampliamente minoritaria”. Pero subterrneamente crecen las dudas en el interior de la Iglesia, en tanto desde Po XII en adelante los pronunciamientos de la jerarqua sobre la cuestin son menos lineales de lo que parecen. Para ilustrar estas “ambigedades” de la Iglesia hay todo un captulo de un libro publicado recientemente en Italia: “Morte cerebrale e trapianto di organi. Una questione di etica giuridica [Muerte cerebral y trasplante de rganos. Una problemtica de ética jurdica]”, publicado por la editorial Morcelliana, de Brescia. El autor es Paolo Becchi, profesor de filosofa del derecho en las universidades de Génova y de Lucerna, discpulo de Hans Jonas, pensador hebreo que dedic reflexiones punzantes a la cuestin del fin de la vida. Ya en 1989,
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cuando la Pontificia Academia de las Ciencias se ocup de la cuestin, el profesor Josef Seifert, rector de la Academia Filosfica Internacional de Liechtenstein, adelant fuertes objeciones a la definicin de muerte cerebral. En ese congreso, la nica voz discrepante fue la de Seifert. Pero aos después, cuando el 3 4 de febrero de 2005 se reuni nuevamente Pontificia Academia de las Ciencias para discutir la cuestin de los “signos de la muerte”, las posturas se haban invertido. El obispo Marcelo Snchez Sorondo, canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias, dispuso que no se publicaran las actas. Un buen nmero de expositores entreg entonces sus propios textos a un editor externo, Rubbettino. Se public un libro con el ttulo en latn: “Finis Vitae [El fin de la vida]”, a cargo del profesor Roberto de Mattei, vice director del Consejo Nacional de Investigaciones y director de la publicacin mensual “Radici Cristiane”. El libro ha sido editado en dos idiomas, en italiano y en inglés. Cuenta con dieciocho ensayos, la mitad de los cuales es de especialistas que no participaron en el congreso de la Pontificia Academia de las Ciencias, pero que compartieron los lineamientos. Al describir tales amenazas se expres as:”El diagnstico prenatal se utiliza casi rutinariamente sobre las mujeres calificadas en situacin de riesgo, para eliminar sistemticamente todos los fetos que podran estar ms o menos malformados o enfermos. Todos los que tienen la buena suerte de llegar al final del embarazo de sus madres, pero que tienen la desgracia de nacer con deficiencias, corren el fuerte riesgo de ser suprimidos rpidamente luego de su nacimiento, o de ver que se les rehsa la alimentacin y los cuidados ms elementales”. En él se lee, en el n. Lo que se puede preguntar es cundo esas consecuencias sern objeto de un pronunciamiento oficial por parte de la Iglesia”.__________El artculo de Lucetta Scaraffia en “L’Osservatore Romano” del 3 de setiembre de 2008:> Los signos de la muerte. A cuarenta aos del “Informe de Harvard”__________Los libros:”Finis Vitae. La morte cerebrale è ancora vita?”, a cura di Roberto de Mattei, Rubbettino, Soveria Mannelli, 2007, pp. Una questione di etica giuridica”, Morcelliana, Brescia, 2008, pp. 198, euro 12,50.__________Traduccin en espaol de José Arturo Quarracino, Buenos Aires,
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Argentina.